Humato potásico: el bioestimulante que gana terreno y cambia la fertilidad del suelo

El uso de humato potásico en agricultura continúa creciendo durante 2026 impulsado por la necesidad de mejorar la eficiencia productiva, reducir costos de fertilización y avanzar hacia sistemas agrícolas más sostenibles. Productores de Brasil, México, Argentina, Chile, Perú y Colombia comenzaron a intensificar su incorporación en programas de fertirrigación y manejo nutricional debido a su capacidad para optimizar la estructura del suelo y potenciar la absorción de nutrientes, un factor clave en un contexto global de presión sobre los márgenes agrícolas y volatilidad de insumos.

01-jun-2026

Fuente: Portal Agro Chile | Fotografía: Pxfuel

Brasil y México lideran la adopción de humato potásico en América Latina

Dentro de América Latina, el avance del humato potásico muestra diferentes niveles de adopción según el grado de tecnificación agrícola, el desarrollo de sistemas de riego y la expansión de los bioestimulantes agrícolas.

Actualmente, el ranking regional de adopción es encabezado por Brasil, principal mercado agroindustrial de la región y líder en uso de tecnologías biológicas aplicadas a soja, maíz, caña de azúcar, café y horticultura intensiva. Detrás aparece México, donde la fertirrigación y la agricultura protegida impulsaron una fuerte expansión del uso de productos orientados a mejorar la salud del suelo y la eficiencia hídrica.

El tercer lugar corresponde a Argentina, especialmente en producciones intensivas, frutales y algunos esquemas de agricultura extensiva vinculados a la mejora de suelos degradados y eficiencia nutricional. Más atrás se ubican Chile, con fuerte adopción en fruticultura de exportación; Perú, impulsado por la agroexportación y sistemas de riego tecnificado; y Colombia, donde comienza a crecer el uso en café, banano y horticultura.

Luego aparecen mercados en expansión como Ecuador, Uruguay, Paraguay, Bolivia, Guatemala, Costa Rica, Honduras, República Dominicana, Nicaragua, El Salvador y Panamá, donde la adopción avanza de la mano de cultivos intensivos, exportaciones agrícolas y la necesidad de mejorar la eficiencia en el uso de nutrientes y agua.

Los especialistas señalan que el crecimiento regional está directamente relacionado con la presión por bajar costos, mejorar rindes y responder a las exigencias de una agricultura cada vez más enfocada en la sustentabilidad y la resiliencia climática.

Por qué el humato potásico se volvió estratégico para la productividad agrícola

El humato potásico forma parte del grupo de los bioestimulantes agrícolas no microbianos y se destaca por combinar los beneficios de la materia orgánica con el aporte de potasio, generando mejoras tanto físicas como químicas en el suelo.

Entre sus principales ventajas aparece la capacidad de mejorar la estructura de suelos arcillosos y arenosos, favoreciendo la infiltración de agua y el desarrollo radicular. Esto resulta especialmente relevante en regiones agrícolas afectadas por eventos climáticos extremos, donde la eficiencia hídrica se volvió un factor central para sostener los rendimientos.

Además, el producto incrementa la capacidad de intercambio catiónico, permitiendo que el suelo retenga y libere nutrientes de manera más eficiente. Este fenómeno mejora la disponibilidad nutricional para los cultivos y ayuda a disminuir pérdidas por lixiviación, uno de los principales problemas en sistemas intensivos.

Otro punto clave es su impacto positivo sobre los microorganismos beneficiosos del suelo. El humato estimula la actividad biológica, favoreciendo procesos de descomposición de materia orgánica y liberación de nutrientes esenciales para las plantas.

A esto se suma su función como quelante natural de micronutrientes. En suelos alcalinos, donde elementos como hierro, zinc o manganeso suelen presentar baja disponibilidad, el humato potásico ayuda a mejorar su absorción y utilización por parte del cultivo.

Los especialistas remarcan además que el uso sostenido de este tipo de bioestimulantes puede reducir progresivamente la dependencia de fertilizantes tradicionales, debido a que el suelo mejora su eficiencia natural para aprovechar nutrientes.

Fertirrigación, eficiencia nutricional y agricultura sostenible

La aplicación más recomendada del humato potásico es mediante sistemas de fertirrigación, una práctica cada vez más extendida en cultivos intensivos, frutales y horticultura de alto valor.

Al disolver el producto en el agua de riego se logra una distribución uniforme y un mejor aprovechamiento por parte de las raíces. En el mercado, una de las formulaciones más utilizadas es el humato sólido soluble, valorado por su alta concentración y facilidad logística.

Frente a las formulaciones líquidas, los productos sólidos presentan ventajas económicas y ambientales. Al transportar únicamente la materia activa, se reduce el volumen logístico y también la huella ambiental asociada al transporte y almacenamiento.

En paralelo, el crecimiento global de los bioestimulantes agrícolas refleja un cambio estructural en la agricultura moderna. La presión por producir más con menos recursos, las restricciones ambientales y el aumento del costo de los fertilizantes tradicionales están acelerando la adopción de tecnologías orientadas a mejorar la salud del suelo y la eficiencia fisiológica de los cultivos.

En países de América Latina, el avance de estas herramientas se observa especialmente en producciones intensivas de frutas, hortalizas, vid y cultivos extensivos de alto potencial, donde la búsqueda de mayor eficiencia nutricional se volvió una prioridad estratégica.

El interés creciente por el humato potásico también está vinculado con la expansión de modelos agrícolas basados en la agricultura regenerativa, la recuperación de suelos y la reducción del impacto ambiental. En ese escenario, los bioestimulantes aparecen como una de las categorías con mayor proyección dentro del mercado global de insumos agrícolas.

Para muchos especialistas, el desafío ya no pasa únicamente por aumentar rindes, sino por lograr sistemas productivos capaces de sostener productividad, eficiencia, rentabilidad y resiliencia frente a un escenario climático cada vez más complejo. Allí, productos como el humato potásico comienzan a ocupar un rol central dentro de la nueva agricultura de precisión biológica.

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