El catastro frutícola desarrollado por Ciren con financiamiento de ODEPA arroja 243 cámaras de frío, 193 de prefrío y 135 empresas de embalaje, mientras 224 plantas agroindustriales procesan más de 200 mil toneladas por temporada.
06-feb-2026
Fuente y Fotografía: Diario Frutícola
En la fruticultura, la competitividad no se juega solo en el rendimiento del huerto ni en el calibre de la fruta. Muchas veces se define después de la cosecha, en un territorio menos visible pero decisivo: la infraestructura.
En la Región de Valparaíso, el apartado de "Infraestructura" del Catastro Frutícola elaborado por Ciren y Odepa revela en datos lo que permite enfriar, proteger, embalar y transformar la producción regional.
En cuanto a la cadena de frío, Valparaíso declara 243 cámaras de frío con una capacidad total instalada de 314.481 m³, una cifra que, puesta en perspectiva, habla de escala y también de heterogeneidad: hay desde unidades pequeñas hasta instalaciones de gran volumen.
En el tramo más bajo, las cámaras de hasta 1.000 m³ suman 124 unidades y 58.720 m³, mientras el rango entre 1.001 y 2.000 m³ concentra 72 cámaras, pero aporta la mayor capacidad parcial con 105.185 m³, señal de que el "tamaño medio" destaca en el almacenamiento.
Hacia arriba, el sistema se sostiene con menos infraestructura, pero de gran peso: solo una cámara entre 9.001 y 12.000 m³ aporta 10.800 m³ y dos cámaras entre 6.001 y 9.000 m³ suman 13.800 m³.
El prefrío, etapa crítica para bajar temperatura rápidamente y preservar condición, aparece como el complemento que muchas veces separa una fruta "correcta" de una fruta "premium". En la región se reportan 193 cámaras de prefrío con 53.090 m³ instalados.
La distribución muestra una base amplia de recintos pequeños y medianos: el tramo 201-300 m³ acumula 53 cámaras y 14.060 m³, y el rango 301-600 m³ agrega 31 cámaras y 14.230 m³, prácticamente empatando en capacidad. Esto sugiere una infraestructura orientada a rotación y rapidez más que a almacenamiento prolongado, un rasgo coherente con circuitos de cosecha y despacho donde la ventana de calidad se acorta y los mercados castigan cualquier desviación.
La directora de Ciren, Katherine Araya, declara que "el Catastro Frutícola que se realizan en las diferentes regiones confirma con datos precisos y actualizados, el peso estratégico que tienen estos territorios para la fruticultura nacional. Desde CIREN ponemos a disposición del país información territorial de alta calidad que permite anticipar escenarios productivos, mejorar la gestión del agua y apoyar la toma de decisiones públicas y privadas con evidencia concreta, especialmente en un contexto de cambio climático y presión sobre los recursos naturales. El reporte emanado de este Catastro Frutícola otorga una mirada global y datos de importancia de uno de los sectores agrícolas más relevantes del país y también uno de los que está siendo más afectado por la crisis climática".
En paralelo, la dimensión sanitaria y de acceso a mercados se expresa en la capacidad de fumigación diaria. Valparaíso informa 18 cámaras, con una capacidad total de 400.500 kilos por día.
El dato que resalta está en la concentración: 12 cámaras en el rango de 60.001 a 120.000 kilos/día explican 350.000 kilos/día de capacidad, es decir, la mayor parte del potencial operativo, lo que apunta a infraestructura pensada para volumen y continuidad, más que para servicios esporádicos.
Luego viene el embalaje, donde el catastro contabiliza 135 empresas según capacidad de fruta embalada, con una capacidad total declarada de 297.383.498 kilos por temporada.
La estructura es bimodal: por número, predominan las empresas pequeñas, con 62 firmas bajo 500.000 kilos/temporada, pero su aporte a la capacidad total es acotado (13.639.840 kilos).
En cambio, un grupo mucho más reducido empuja el volumen regional: solo 3 empresas entre 20 y 30 millones de kilos suman 69.443.290 kilos, y una empresa entre 30 y 40 millones añade 36.443.690 kilos.
De estos antecedentes se desprende que hay atomización de actores, pero concentración de capacidad, una combinación que suele traducirse en asimetrías de poder de negociación, integración vertical y dependencia de servicios de terceros para los productores más pequeños.
Del total de empresas, 93 son prediales (68,9%) y 42 extraprediales (31,1%). Es decir, la mayor parte de las unidades está asociada al propio predio, lo que sugiere estrategias de control de calidad y trazabilidad en origen. Sin embargo, cuando se mira el flujo de cajas embaladas, la operación extrapredial muestra un peso decisivo como plataforma de servicio.
En total, se declaran 27.577.443 cajas embaladas, con un rasgo que marca el estándar tecnológico regional: 87,3% de esas cajas se embalan con tecnología mecanizada, frente a 12,7% no mecanizada. Es una señal potente de inversión en automatización, pero también de la presión por eficiencia en costos, velocidad y consistencia, en un negocio donde el margen se define por segundos de línea y por mermas invisibles.
La infraestructura de líneas de embalaje refuerza esa idea: se registran 223 líneas, de las cuales 133 son mecanizadas (59,6%) y 90 no mecanizadas (40,4%). La coexistencia de ambos mundos se puede mirar como una transición tecnológica que avanza, pero no homogenizada: la mecanización se expande donde el volumen, el estándar y el destino lo justifican, mientras lo no mecanizado permanece como alternativa flexible para partidas pequeñas, especies diversas o ventanas cortas.
En relación a la agroindustria, Valparaíso aparece menos como "plan B" y más como pilar estructural. El catastro registra 224 empresas que procesan 200.846.698 kilos por temporada. La distribución por tamaño muestra, otra vez, una base extensa de pequeños procesadores (178 empresas bajo 500.000 kilos), pero el volumen se concentra en pocos actores grandes: solo 2 empresas en el tramo 20 a 40 millones de kilos suman 61.900.000 kilos, y 6 empresas entre 5 y 10 millones agregan 47.008.574 kilos.
En términos de economía regional, esto suele significar que las decisiones de inversión y la continuidad de contratos pueden depender de un conjunto reducido de plantas ancla, capaces de absorber excedentes y estabilizar precios, o de tensionarlos cuando la capacidad se satura.
Cuando se observa qué se procesa, se ve que la mayor parte de la fruta destinada a agroindustria se va a pasas, con 95.176,90 toneladas, equivalentes al 47,39% del total. Le siguen el calibrado de frutas con 26.442,35 toneladas (13,17%) y la fruta seca procesada con 26.006,15 toneladas (12,95%).
Más atrás aparecen deshidratados con 16.829,50 toneladas (8,38%) y conservería con 15.641,60 toneladas (7,79%). Jugos, pulpas y mermeladas suman participaciones menores, y los procesos de congelado (bloque e IQF) son marginales en volumen.
En simple, la agroindustria regional está orientada con fuerza a la deshidratación y sus derivados, lo que conversa con una lógica de valorización por vida útil, menor riesgo logístico y salidas comerciales menos sensibles al "día a día" de la cadena fría.
Valparaíso es una región que no solo produce sino que también acondiciona, conserva, embala y transforma. La infraestructura instalada entrega una ventaja estratégica, pero también plantea un desafío típico de los territorios agroexportadores maduros: la brecha entre número de actores y control de capacidad, la velocidad de la mecanización y la necesidad de que el eslabón sanitario y de frío acompañe el crecimiento.
44.824 hectáreas es la superficie frutícola de Región de Valparaíso.
El palto de la región representa cerca del 62% de la superficie nacional de esta especie.
Hay participación significativa en carozos como el duraznero tipo conservero y el damasco, ambos con un 33,2% a nivel país.
El nogal, aunque tercero en superficie regional, equivale al 12% de la superficie nacional.
Predominio del riego por goteo, utilizado en el 66,7% de la superficie regada.
Ver el catastro completo de la Región de Valparaíso, aquí