Lorena Pinto Almeida. Ingeniera agrónoma de la Pontificia Universidad Católica de Chile, con formación en fruticultura y enología, Gerente comercial de Osiris Plant Management
19-jun-2026
Fuente: Diario Frutícola
La gerente comercial de Osiris Plant Management advierte que la reconversión varietal debe ir más allá de la novedad: requiere validación técnica, manejo responsable y una visión integral desde el huerto hasta la experiencia de consumo.
Hablar de genética frutal hoy es hablar del futuro competitivo de la industria. En un escenario marcado por el cambio climático, la presión de costos, la escasez de mano de obra, consumidores más exigentes y una competencia internacional cada vez más agresiva, las nuevas variedades dejaron de ser solo una alternativa productiva para transformarse en una decisión estratégica.
En ese contexto, la mirada de Lorena Pinto Almeida es interesante. Ingeniera agrónoma de la Pontificia Universidad Católica de Chile, con formación en fruticultura y enología, ha dedicado más de dos décadas al desarrollo, evaluación y gestión comercial de nuevas variedades frutales. Durante más de 21 años fue parte de ANA Chile, donde se desempeñó como Product Manager, liderando procesos vinculados a protocolos de evaluación, protección de propiedad intelectual, licenciamiento, registro de marcas y desarrollo de variedades en especies como manzanas, cerezas, carozos, kiwis y uva de mesa.
Actualmente, como gerente comercial de Osiris Plant Management, su trabajo se orienta a identificar oportunidades de mercado, introducir variedades innovadoras y de alto desempeño, gestionar acuerdos de licencia y fortalecer la conexión entre genética, productores, exportadores y consumidores. Su experiencia combina una visión técnica, comercial y estratégica, clave para entender cómo se construye el valor de una variedad desde el huerto hasta la góndola.
En esta entrevista, Lorena Pinto aborda uno de los temas más decisivos para la fruticultura chilena: el rol de la genética como motor de diferenciación, adaptación climática y competitividad futura. Su análisis invita a mirar más allá de la simple reconversión varietal y plantea un desafío profundo para el sector: acceder a buena genética no basta; el verdadero éxito dependerá de evaluarla, manejarla y desarrollarla con rigurosidad, responsabilidad y visión de largo plazo.
La genética se ha transformado en uno de los principales motores de cambio en la fruticultura mundial. ¿Qué características buscan hoy los programas genéticos y cómo han evolucionado respecto de hace diez años?
Hace diez años gran parte de los programas genéticos estaban enfocados principalmente en productividad, calibre y apariencia de la fruta. Hoy el enfoque es mucho más integral.
Los programas modernos buscan variedades que combinen alta calidad de consumo -sabor, textura, firmeza y vida de poscosecha- con eficiencia productiva y adaptación a los desafíos climáticos. También existe una creciente preocupación por características que permitan reducir costos de producción, como facilidad de cosecha, menor requerimiento de mano de obra, menor necesidad de aplicaciones fitosanitarias y mejor eficiencia en el uso del agua.
Además, la genética ha pasado de responder únicamente a las necesidades del productor a considerar toda la cadena de valor, incluyendo exportadores, supermercados y consumidores. Hoy una variedad exitosa debe ser capaz de generar rentabilidad desde el huerto hasta la góndola, y debe existir consistencia en la calidad y tipo de producto que llegue al consumidor.
Muchos productores están evaluando procesos de reconversión varietal. ¿Qué señales debería observar un productor para determinar cuándo una variedad ha dejado de ser competitiva comercialmente?
La primera señal es económica. Si una variedad requiere cada vez más manejo y mayores costos para alcanzar retornos similares o inferiores a los de nuevas alternativas, probablemente ha comenzado a perder competitividad.
También es importante observar si existen dificultades para cumplir los estándares de calidad exigidos por los mercados, especialmente en aspectos como firmeza, sabor, condición de llegada o vida de poscosecha.
Hoy nos enfrentamos a una creciente exigencia por parte de los consumidores. Variedades que hace diez años eran consideradas excelentes pueden estar quedando rezagadas frente a nuevas genéticas que ofrecen mejor experiencia de consumo.
Sin embargo, la reconversión no debe basarse únicamente en la novedad genética. Debe sustentarse en análisis técnicos, comerciales y financieros sólidos. No toda variedad nueva será necesariamente una mejor alternativa para todas las condiciones productivas ni para todo tipo de productores.
¿Para ti una buena variedad no es garante del éxito total?
El tener acceso a una buena variedad no necesariamente garantiza el éxito económico del productor, porque si esa variedad no se maneja técnicamente de forma correcta, no se usa el portainjerto adecuado o no está establecida en la zona recomendada para ser competitiva, los resultados probablemente no sean los esperados.
Lo lamentable de este tema es que al comercializar la variedad como un producto de calidad poco consistente, -dado un problema de calidad de planta o zona de plantación no recomendable , la presencia de fruta proveniente de huertos mal manejados , o que ha tenido problemas en cadena de frío o un proceso de packing inadecuado, la reputación de la variedad se ve perjudicada, así como también el país de origen de esa fruta.
Esto hace que se castigue el precio de la variedad y derive en una mala fama que perjudica la comercialización de esta variedad en las siguientes temporadas, ya que se percibirá como una variedad inconsistente o derive baja calidad .
¿Cómo está impactando el cambio climático en el desarrollo de nuevas variedades y qué papel jugará la genética para enfrentar problemas como la escasez hídrica, las altas temperaturas o la menor acumulación de horas frío?
El cambio climático se ha transformado en uno de los principales impulsores de los programas de mejoramiento genético.
Hoy existe una fuerte búsqueda de variedades con menor requerimiento de horas frío, mayor tolerancia al estrés térmico, mejor eficiencia en el uso del agua y mayor resiliencia frente a eventos climáticos extremos.
La genética no resolverá por sí sola todos los desafíos climáticos, pero será una de las herramientas más importantes para adaptarnos. De hecho, muchas zonas productivas del mundo mantendrán su competitividad gracias a la incorporación de variedades específicamente desarrolladas para nuevas condiciones ambientales.
Probablemente veremos una redefinición de las zonas productivas tradicionales, donde la genética permitirá seguir produciendo fruta de calidad en condiciones que hace algunos años habrían sido consideradas marginales.
Chile ha construido gran parte de su liderazgo exportador sobre la base de calidad y contraestación. ¿Qué oportunidades abren las nuevas genéticas para que los productores sigan siendo competitivos frente a países emergentes como Perú, Marruecos, Sudáfrica o Egipto?
Chile ya no puede competir únicamente por volumen. La oportunidad está en competir por diferenciación.
Las nuevas variedades permiten acceder a segmentos premium, generar mejores retornos por kilogramo producido y ofrecer atributos que los mercados valoran cada vez más, como sabor, firmeza, poscosecha y consistencia.
Además, existen oportunidades en ventanas específicas de producción y en variedades protegidas que operan bajo modelos de club, donde la gestión de la oferta ayuda a mantener estándares de calidad y niveles de rentabilidad más sostenibles.
¿Entonces de qué depende el futuro de Chile o otras zonas de la región en relación a variedades?
Chile cuenta con una ventaja difícil de replicar: la combinación de experiencia técnica, conocimiento productivo y una industria exportadora altamente profesionalizada. Si esa fortaleza se complementa con genética de última generación, el país puede seguir siendo un referente mundial en producción y exportación de fruta de alta calidad.
Sin embargo en base a mi experiencia de más de 20 años en el área de innovación varietal, estoy convencida que la genética por sí sola no garantiza el éxito. El verdadero desafío está en desarrollar las variedades con rigurosidad y responsabilidad, asegurando que expresen plenamente su potencial y que la fruta llegue al consumidor con la calidad y consistencia esperadas.
La reputación de una variedad se construye durante años, pero puede verse afectada rápidamente cuando se expande sin el manejo técnico adecuado o en condiciones que no permiten alcanzar los estándares para los cuales fue creada.
Por ello, el liderazgo futuro de Chile no dependerá únicamente de acceder a las mejores variedades, sino de la capacidad de gestionarlas correctamente y ofrecer al mercado una experiencia de consumo consistente que fortalezca tanto la imagen de la variedad como la reputación de la fruta chilena.
Si pensamos en la fruticultura de los próximos 15 años, ¿crees que la genética será más determinante que factores tradicionales como el clima, el suelo o incluso la ubicación geográfica?
No diría que la genética reemplazará al clima, al suelo o a la ubicación geográfica, pero sí creo que reducirá progresivamente las limitaciones asociadas a esos factores.
Tradicionalmente el éxito productivo dependía principalmente de dónde se encontraba el huerto. En el futuro, dependerá cada vez más de la combinación entre genética, tecnología y manejo.
La genética permitirá ampliar los límites productivos, pero seguirá siendo fundamental contar con una adecuada selección de sitios y un manejo agronómico eficiente.
Lo que sí veremos es que la ventaja competitiva de los países estará cada vez más relacionada con su capacidad de acceder, evaluar y gestionar genética superior.
¿Cuál es la principal oportunidad que hoy están dejando pasar los productores chilenos respecto al uso de nuevas genéticas?
Creo que la principal oportunidad que están dejando pasar muchos productores chilenos es entender la genética como una herramienta estratégica de diferenciación y no verla simplemente como un reemplazo varietal.
También observo que existe cierta tendencia a esperar que otros validen primero las nuevas variedades antes de tomar decisiones. Pero esas validaciones tendrían que ser realizadas en infinitas condiciones edafoclimáticas para tener todas las respuestas aseguradas tipo "receta de instrucciones a seguir".
Por otra parte, si bien la cautela es razonable, una excesiva demora puede significar perder acceso a materiales estratégicos o llegar tarde a oportunidades comerciales que tienen una ventana limitada.
Por ello el participar en clubes de desarrollo varietal controlado, en que la evaluación de las selecciones avanzadas o nuevas variedades por parte de los productores se realiza desde estas llegan a Chile , con el objeto de que cada uno las valide en sus propias condiciones con el correspondiente respaldo técnico por parte del representante de dicha genética, es lo ideal para seguir un camino que lleve a responder a inquietudes y desafíos de cada ecosistema productivo , y poder ser exitosos en lograr el potencial genético de la variedad en su expresión fenotípica en cada condición de cultivo. No es una receta de manejo igual para toda condición. Hay que aprender a conocer la variedad y su respuesta en distintos escenarios en base a esa descripción inicial , aprender a "leer" lo que nos dice la variedad.
Porque tan importante como adoptar nuevas variedades es hacerlo de manera responsable. No se trata de incorporar genética por moda o por seguir tendencias, sino de validar rigurosamente su comportamiento en las distintas condiciones productivas del país y desarrollar modelos de gestión que permitan expresar todo su potencial. Una excelente variedad mal implementada puede transformarse rápidamente en una mala experiencia para productores, exportadores y consumidores.
Los productores que logren identificar tempranamente las variedades con verdadero potencial comercial y desarrollarlas con altos estándares de calidad serán quienes lideren la próxima etapa de la fruticultura chilena.
Por Andrea Bustos.