Los desafíos de Chile entre anticiparse o perder competitividad frente a la nueva ley de bienestar animal noruega

Dra. Karla Meza, de Aquanexus; Roberto Becerra, de WELFCERT; y Katherine Martínez, de Asvet, sobre la nueva ley noruega de bienestar animal, advirtiendo que, frente a este escenario, Chile enfrenta una disyuntiva clave: anticiparse a las nuevas reglas del mercado internacional o arriesgar competitividad, credibilidad y acceso a mercados en los próximos años.

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04-feb-2026

Fuente y Fotografía: InfoSALMON

La decisión de Noruega de avanzar hacia una nueva ley de bienestar animal obligatoria para toda su cadena salmonera a partir de 2027 no es un movimiento aislado. Se trata de una señal potente desde el principal productor mundial de salmón, que vuelve a elevar el estándar y, al hacerlo, instala un desafío directo para el resto de los países productores, especialmente para Chile.

El nuevo marco regulatorio, impulsado por la Autoridad Noruega de Seguridad Alimentaria (Mattilsynet), busca unificar normativas hoy dispersas y actualizar los requisitos técnicos según la evidencia científica más reciente. Su foco está claro: mejorar los resultados de bienestar animal y reducir las tasas de mortalidad, mediante una supervisión integral que abarcará centros de cultivo, transporte y plantas de proceso, bajo la fiscalización del Fiskeridirektoratet.

¿En qué posición queda Chile frente a este cambio?

En entrevista en exclusiva con nuestro medio, la Dra. Karla Meza, directora técnico-comercial de Aquanexus, no duda en calificar la iniciativa como un punto de inflexión.
"Creo que es una señal importantísima, que el primer productor de salmón a nivel mundial tome la iniciativa y realice una nueva normativa sobre bienestar animal, que unifique y actualice la que hoy rige a ese país es muy positivo", señala.

Sin embargo, el impacto para Chile es incómodo. "Es Noruega, quien, en forma proactiva, toma esta decisión y deja a Chile en la retaguardia del tema", advierte Meza. La brecha no es solo técnica, sino también conceptual y normativa. Noruega reconoce desde 2009 a los peces como seres sintientes dentro de su ley de bienestar animal, mientras que Chile aún no ha dado ese paso.

"En nuestro país, si bien es cierto tenemos una ley (20.380), que tiene que ver con la protección de animales de producción, esta aplica para animales terrestres… sin embargo, esta ley no aplica para animales acuáticos", explica. En la práctica, esto significa que los peces de cultivo no están reconocidos ni explícita ni implícitamente como seres sintientes en la legislación nacional.

A ello se suma la ausencia de un marco específico de bienestar animal para la acuicultura. "Normativamente hablando, nos encontramos en desventaja, ya que Sernapesca tampoco tiene un marco de bienestar animal que se pudiera asemejar a la normativa noruega existente y a la que será diseñada y publicada en el futuro próximo", agrega.

Un estándar que no se queda en Noruega

Aunque la nueva ley no tendrá aplicación directa fuera de Noruega, su impacto trasciende las fronteras. Para Roberto Becerra, fundador y CEO de WELFCERT, este tipo de regulaciones anticipa transformaciones profundas en los mercados internacionales.
"El mundo está cambiando, y la industria no es ajena a ese proceso. El bienestar animal, que durante años fue visto como un atributo diferenciador o un valor agregado, hoy se está transformando, de manera silenciosa pero constante, en parte de los requisitos mínimos que deben cumplir las empresas", afirma a InfoSALMON.

Desde esta perspectiva, el riesgo para Chile no es solo regulatorio, sino comercial. "Más que una obligación jurídica automática, representan un hito que anticipa expectativas futuras: de los mercados, de los clientes y, eventualmente, de los propios marcos regulatorios que acompañan el comercio internacional", sostiene Becerra.

La experiencia internacional muestra que muchas de estas exigencias llegan primero por otras vías. "La experiencia demuestra que muchas de estas exigencias no llegan primero por la vía legal, sino a través de estándares privados, compromisos comerciales o requisitos de grandes compradores", advierte.

La noticia de lejanas tierras también ha generado el debate en el que participan distintos actores de la industria, uno de ellos es Víctor Aravena, asesor industrial, quien manifiesta en su cuenta de LinkedIn que "este cambio representa un desafío inmediato: adaptar estándares productivos, regulatorios y de trazabilidad para mantener competitividad y credibilidad internacional. Los mercados europeos y norteamericanos ya avanzan en exigencias similares, lo que refuerza la urgencia de actuar desde ahora". (Lea su análisis sobre la nueva ley de bienestar animal noruega)

Similar mirada tiene Katherine Martínez, asesora técnica y fundadora de Asvet quien manifiesta que «aunque Chile no exporte directamente salmón a Noruega, sí compite con el salmón noruego en mercados globales clave. Si Noruega sube sus estándares de bienestar, el salmón noruego se posicionará como más ético o sostenible, algo que consumidores, especialmente en Europa, valoran cada vez más. El desafío para Chile será mantener o mejorar su competitividad, ya que los consumidores podrían preferir productos con certificaciones de bienestar más avanzadas. Si la industria chilena no adopta parámetros similares o no comunica un compromiso claro con el bienestar, podría enfrentar una desventaja competitiva en mercados exigentes».

¿Cómo debería responder Chile frente a esta nueva regulación?

Para la Dra. Meza, la respuesta debe ser estructural y anticipatoria. Desde el ámbito público, plantea la necesidad de un cambio de base: "Partir con el reconocimiento de la sintiencia de los peces, y generar una normativa de bienestar animal acorde o al menos incluir artículos de bienestar animal en normativas existentes". Idealmente, señala, este proceso debería construirse de manera colaborativa con los distintos actores de la industria.

Desde el sector productivo, el desafío es no esperar a que la exigencia sea obligatoria. "Una mayor incorporación de bienestar animal en las empresas que todavía no lo han hecho y optar por certificaciones para generar un ambiente competitivo en comercios internacionales", propone. La experiencia ya muestra resultados concretos: "El bienestar animal apunta a una mejora de la producción, disminución de las mortalidades y a una óptima calidad del producto final".

Becerra coincide en la necesidad de actuar con anticipación. "Trabajar hoy en bienestar animal es una forma de anticiparse, no de reaccionar", señala, destacando que avanzar en sistemas de evaluación objetivos y alineados con recomendaciones internacionales fortalece la competitividad y reduce riesgos. Y concluye con una advertencia clara para la industria chilena: "Esperar a que la exigencia sea obligatoria suele ser la opción más costosa".

En tanto, Aravena expresa que la responsabilidad es compartida entre la industria del salmón y los servicios estatales, sugiriendo que "el sector salmonero tiene el deber de elevar sus estándares de producción, garantizar dietas con trazabilidad efectiva y exigir certificaciones verificables a sus proveedores, entendiendo que la responsabilidad se extiende hasta el consumidor final".

Mientras que, "los servicios estatales deben superar la fragmentación institucional, fortalecer controles sanitarios y ambientales, generar sinergias entre SAG, Sernapesca, Aduanas y SII, y someterse a auditorías rigurosas de la Contraloría para asegurar credibilidad y transparencia".

Ahora bien, frente a este escenario Martínez reflexiona que «el mayor desafío es que la industria chilena, al no contar con una normativa específica de bienestar animal en salmón, está operando en un marco más flexible. Sin embargo, esa flexibilidad puede volverse una debilidad si el mercado global empieza a exigir estándares de bienestar. El reto será anticiparse: crear o adoptar protocolos voluntarios, certificaciones internacionales o buenas prácticas que den garantías al consumidor».

«Además, el desafío es convencer a actores locales, productores, empresas y autoridades, de que invertir en bienestar animal no es solo un costo, sino una estrategia para mantener competitividad a futuro. Los productores necesitan entender que el bienestar animal no es solo un tema ético, sino que impacta directamente en la rentabilidad. Si se mejora la salud de los peces, se reduce mortalidad y se obtienen productos de mayor calidad, los costos operativos bajan y se mejora la reputación. En resumen, compensarles es demostrarles que invertir en bienestar es invertir en eficiencia: menos pérdidas, mejor crecimiento, menos enfermedades, y a largo plazo, una posición sólida en un mercado que va a exigir cada vez más estos estándares», añade.

Una conversación que ya comenzó

Aunque el reglamento noruego aún se encuentra en fase de desarrollo técnico y consulta pública, la dirección es inequívoca. Como resume Becerra, "el bienestar animal ya no es una discusión del futuro; es una conversación del presente".

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